Medio
Ambiente
La Naturaleza: otra víctima
de la Guerrilla en Colombia.
Impacto ambiental de la subversión.
Informe no gubernamental
ambiental.
1.INTRODUCCIÓN
2. PATRIMONIO NATURAL
3. UNAS CRUDAS ESTADISTICAS
4. GUERRILLA Y NARCOTRAFICO: UNA ALIANZA MORTIFERA
5. BIODIVERSIDAD EN PELIGRO
6. CONTRA LOS PARQUES NATURALES
7. CONCLUSIONES
8. BIBLIOGRAFÍA
Créditos
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1.INTRODUCCIÓN
Con sus escasos 1'200.000 kilómetros cuadrados
de territorio, Colombia, ubicada en la esquina norte de Suramérica,
es uno de los tres primeros países en riqueza biológica
del mundo. Tiene el 15% de todas las especies existentes, según
lo reconocen expertos como E.O. Wilson, profesor de la Universidad de
Harvard, y autoridad internacional en biodiversidad.
No obstante, desde hace tres décadas, la guerrilla
colombiana financiada por el narcotráfico se ha encargado de
hacerle la guerra a esa extraordinaria riqueza natural.

Las guerrillas de las FARC y del ELN, en los últimos
14 años han dinamitado más de 700 veces las tuberías
que conducen petróleo del interior del país hacia la costa,
ocasionando derrames de crudo estimados en 1'600.000 barriles, sobre
zonas ecológicamente sensibles.
Desde los comienzos del narcotráfico, la mafia
de las drogas y sus aliados guerrilleros han talado un promedio anual
de 60.000 hectáreas de bosque y selva natural, con el propósito
de establecer y ampliar sus cultivos ilícitos de coca, marihuana
y amapola, lo cual ha producido una grave deforestación y causado
la desaparición de numerosas fuentes de agua. Esto tiene serios
efectos sobre la población rural del país, además
de poner muchas especies de flora y fauna (algunas de ellas únicas
en el mundo) al borde de la extinción.
Además, durante el proceso de elaboración
de la cocaína y otras drogas se vierten residuos químicos
al subsuelo de las selvas tropicales húmedas y a sus ríos,
envenenando las aguas y causando altísimos niveles de contaminación
en los ecosistemas aledaños.
Por otra parte, en agosto de 2000 se descubrió
que la guerrilla había ordenado abrir clandestinamente 240 kilómetros
de vías, atravesando 4 parques nacionales y causando graves destrozos
en ellos.
Esta es la guerra contra la naturaleza que libran los
grupos guerrilleros en Colombia. Una ofensiva brutal que pone en peligro
no sólo esta nación sino una parte vital de Suramérica
y del planeta. Es el terrorismo contra la riqueza biológica de
la humanidad.
Ante todos estos asaltos el gobierno se muestra débil
y vacilante frente a una subversión cada vez más indiferente
hacia el tema ambiental. Se hace evidente la necesidad de que la comunidad
tanto nacional como internacional repudie esos actos violentos y presione
a los grupos terroristas a que detengan esa depredación.
Así mismo, se hace urgente el establecimiento
de un Tribunal Internacional que juzgue con la mayor severidad los crímenes
contra el patrimonio ambiental de la Humanidad. Y emplazar ante él
a las organizaciones criminales cuyos atentados se describen a continuación.
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2. PATRIMONIO NATURAL
Colombia es un país verde. Se afirma que hay más
diversidad en un solo árbol del Chocó que en todo un bosque
de Gran Bretaña. Colombia, según el estudio "Megadiversidad"
(de la Organización Ambientalista "Conservación Internacional")
es la 3ª potencia en riqueza biológica del mundo, tan sólo
antecedida por Brasil e Indonesia.
Dentro de un rango mundial, Colombia es el 1º país
en variedad de aves, con 1750 especies (el 20% de las 8000 que existen
en el mundo). Es el 1º ó 2º en anfibios con 407 especies;
el 3º en reptiles con 520 especies; el 4º en mamíferos
con 456 especies. Además se calcula que posee unas 590 especies
acuáticas.
Por otra parte, es el 3º en primates con 27 tipos
de éstos; y el 3º en mariposas con 58. Posee 180 tipos de
lagartos y la variedad de insectos es tan grande que aún no se
tiene ni un número aproximado de éstos.
Además, es el 2º país en flora del
mundo, con más de 2.500 tipos de árboles y muchos miles
de plantas que protegen el suelo, tienen características medicinales
o industriales. Es por ejemplo, el 2º país en plantas angiospermas
con 45.000 especies. Muchas de las especies que conforman la flora y
la fauna colombianas son endémicas, es decir que sólo
existen allí. En proporción a su área, es el país
con mayor biodiversidad del mundo.
Por otra parte, Colombia es el 4º país en
riqueza hídrica del planeta, a la vez que constituye una parte
esencial del pulmón planetario del Amazonas y del sistema regulador
del clima a escala global.
Sin embargo, este extraordinario patrimonio ambiental
se encuentra en grave peligro: el narcotráfico y las guerrillas
de origen comunista (FARC y ELN), se han convertido en los últimos
20 años en los principales depredadores.
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3. UNAS CRUDAS ESTADISTICAS
Un factor de gravísimas repercusiones sobre el
medio ambiente es el accionar terrorista de las guerrillas del ELN y
las FARC contra la infraestructura petrolera. Desde 1986, los grupos
subversivos adoptaron la táctica de volar con dinamita tramos
de los oleoductos como estrategia de guerra contra el gobierno y contra
las empresas petroleras, lo cual ha ocasionado estragos no sólo
en la economía del país, sino en su medio ambiente al
contaminar los ríos y suelos, matar numerosas especies y dejar
la tierra no apta para cultivo alguno, afectando en forma especialmente
grave a la población campesina.
La cantidad de petróleo derramado en Colombia
durante 14 años de atentados terroristas de la guerrilla contra
el sistema de oleoductos es 11 veces mayor que la registrada durante
el accidente del buque cisterna Exxon Valdez en Alaska, considerado
el peor desastre ecológico del planeta por vertimiento de crudo
en un ecosistema. Mientras que en Alaska, se derramaron 10,8 millones
de galones, en Colombia la cifra asciende a más de 118,8 millones
de galones, es decir, 1'600.000 barriles de petróleo vertidos
sobre frágiles ecosistemas.
Estas crudas estadísticas no pueden dar cuenta
de lo que para la naturaleza significa tener una mancha negra y espesa
infiltrándose en el suelo y el subsuelo, o cayendo a las aguas
de una laguna, un río, una ciénaga, un manglar o el mar.
Tal como lo explican especialistas en limpieza de petróleo,
los efectos ambientales van desde la contaminación de los recursos
y esterilización del suelo, hasta el impacto paisajístico.
En los ríos, los derrames impiden el paso de la luz, la acción
fotosintética y el oxígeno necesarios para preservar la
vida subacuática, lo que disminuye la productividad del recurso
ictiológico. También se contaminan las fuentes naturales
para el abastecimiento de agua.
Uno de los peores daños es el de las filtraciones,
porque esa mancha negra avanza hacia el subsuelo y contamina las aguas
subterráneas, y el poder de recuperación de esta agua
es nula, tal como explican los ingenieros ambientalistas.
Cuando estas manchas llegan a ciénagas y manglares,
cada momento que pasa es desastroso. Uno de los casos más dramáticos
se vivió en la ciénaga de Zapatosa en el Cesar, en donde
los ingenieros demoraron 6 meses para limpiar las aguas y la vegetación
de un ecosistema frágil en donde viven infinidad de especies
organizadas en una cadena biológica que, cuando se rompe, altera
por completo la vida en su interior.
El ingeniero Hernán Quintero, asesor del Ministerio
del Medio Ambiente, explica que la contaminación hídrica
causa "la muerte de algunas especies ícticas, artrópodas,
especies bénticas, perifitón, zooplancton, produce cambios
en el PH del agua, variación en su turbiedad, generación
de procesos anaeróbicos, deficiencia de oxígeno, rompimiento
de indicadores biológicos, hábitat y núcleos dentro
del agua, exterminación de macrófitas, cambio en las membranas
de los vegetales, disminución de la función de fotosíntesis
y en general, aumento de la polución del agua."
"Con relación al recurso suelo -señala
este experto- se produce un rompimiento biológico de las líneas
ecosistémicas, anoxia total del terreno, formación de
capas o membranas impermeables al agua, filtración de crudo sobre
la tierra, lo cual reduce su nivel freático y por lo tanto produce
la muerte de las especies florísticas y faunísticas, se
da un cambio brusco de hábitat, así como decantación
del suelo, lo que impide su proceso de enriquecimiento."
En Colombia, la voladura de oleoductos representa -de
acuerdo con las Naciones Unidas- uno de los peores delitos que se cometen
contra el medio ambiente y de paso, contra la humanidad.
Un informe del Ministerio del Medio Ambiente de Colombia
señala 70 municipios afectados por este flagelo en 13 departamentos
del país, al igual que 6.000 hectáreas de terrenos con
potencial agrícola y pecuario, 2.600 kilómetros de ríos
y quebradas y 1.600 hectáreas de ciénagas y humedales.
Se estima que por estos atentados una gran cantidad de
crudo ha contaminado los ríos Arauca, Nuevo Presidente, Tibú,
Tarra, Catatumbo, Simaña, Magdalena (el más extenso del
país), San Bartolomé, Ité, Pocuné, Nechí,
Cauca, Mira y Patía. Lo mismo ha ocurrido en las ciénagas
de Zapatosa, Saloa, Simaña, El Estero y Playones de San Pedro.
Las cifras de la Asociación Colombiana del Petróleo
dan cuenta de más de 900 voladuras de oleoductos entre julio
de 1986 y septiembre de 2000.
Pero esos ataques no sólo afectan a la flora,
fauna y al sistema hídrico de esta asediada república;
también a la población. El caso más aberrante se
dio en la madrugada del 18 de octubre de 1998, cuando el oleoducto que
conduce el petróleo de Caño Limón (en los Llanos
Orientales) a Coveñas (en la costa atlántica) fue dinamitado
por el ELN muy cerca de la aldea campesina de Machuca (Antioquia). En
pocos minutos el crudo ardiendo llegó al caserío, distante
sólo 900 metros del sitio del atentado. Una atmósfera
cargada de gases volátiles produjo una gran "bola de fuego"
-como recuerdan los sobrevivientes- que en pocos minutos arrasó
con personas, animales, cultivos, construcciones, enseres y vegetación
nativa. El trágico episodio causó la muerte a 84 personas,
al tiempo que 64 viviendas quedaron destruidas. Dos años más
tarde, en el río Pocuné y varias quebradas cercanas aún
se observa la contaminación.
Después de Machuca se han presentado otros ataques
dinamiteros a los oleoductos que arrojan la cifra de al menos 25 personas
heridas, incluida población infantil. Los ecosistemas y las economías
de países vecinos, como Ecuador y Venezuela, también se
han visto afectados por esos vertimientos.
Desde enero hasta el 15 de diciembre de 2000, el oleoducto
entre Caño Limón y Coveñas fue dinamitado por la
guerrilla en 90 ocasiones, de acuerdo con el periodista norteamericano
Jack Sweeney, de ABC News.
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4. GUERRILLA Y NARCOTRAFICO: UNA
ALIANZA MORTIFERA
En los últimos 20 años, el narcotráfico
y la guerrilla se han ido fusionando hasta convertirse prácticamente
en una sola cosa. Los movimientos guerrilleros en Colombia tienen como
objetivo el poder territorial y económico; como modus operandi,
el terrorismo y como fuentes de financiación, el secuestro, la
extorsión, el asalto y el narcotráfico.
El negocio de los estupefacientes, aparte de generar
corrupción y una grave problemática social local, tiene
un violento impacto sobre el medio ambiente de los países productores.
Para sembrar marihuana, coca o amapola, se tala y destroza el bosque
como si no tuviera ningún valor.
En su libro "Senderos de la Amapola", la periodista
Mady Samper reune testimonios de campesinos de distintas regiones sobre
el daño social y ambiental causado por los cultivos ilícitos.
Por ejemplo, refiere uno de ellos que en el Cañón de las
Hermosas (Tolima), zona controlada por la guerrilla, "Para cultivar
el lote de amapola se busca el bosque de niebla donde crece el monte
nativo, tierras vírgenes que son las mejores y la amapola se
da muy bien, pero sólo la primera cosecha. Para las siguientes
la tierra ya está cansada y necesita fertilizantes (...) Después
del fenómeno del Niño las plantas de amapola tienen muchas
enfermedades y cada día es más difícil cultivarlas.
Por esta razón el cultivador artesanal se va enmontando cada
vez más arriba de la cordillera, tumbando monte para no tener
que invertir en tantos insumos(...)".
Una mujer del pueblo de San José relata: "Entré
al Cañón de las Hermosas cuando todavía no había
llegado el apogeo de la amapola. Había poquita gente; eran puras
montañas, árboles gigantes, quebradas, arroyos, todo era
muy bonito. Uno veía manadas de patos silvestres anaranjados,
los árboles amarillos, morados; esto era un paraíso. Uno
miraba para lo alto y el cielo no se veía, con esos árboles
grandes que impedían que los rayos del sol se filtraran. No estaba
así como hoy, que se ve devastado".
Dice el coordinador del programa gubernamental de sustitución
de cultivos ilícitos "Plante" en los departamentos
del Tolima y Huila: "La amapola requiere suelos de buena calidad.
Una vez el cultivador tumba la hectárea de monte tiene dos cosechas
buenas; la amapola absorbe todos los nutrientes de la tierra y si no
se le aplican insumos, la tercera cosecha es mínima. No le prende
la mata porque la tierra está sin abono (...) Hay terrenos donde
la policía ha insistido demasiado en la fumigación. Lo
grave es que la gente se va metiendo a donde no llega el avión,
en el bosque nativo (...) En el Cañón el problema ambiental
es muy grave, ya se está viendo la escasés de agua en
los acueductos por la tala de los bosques. Se han muerto muchos nacimientos
de agua (...) por eso se está controlando la siembra de los cultivos
ilícitos. La guerrilla le puso multa de un millón de pesos
al campesino que siembre en las cañadas (...)"
La deforestación ha causado en Colombia la desaparición
de numerosas corrientes hídricas. De 18.000 ríos que había
en el país en 1970, se pasó a 12.000 en el año
2000 (de acuerdo con el experto Alberto Olivos). Es decir, se han perdido
6.000 en 30 años, o sea: 200 al año. Otras cifras expuestas
por el ambientalista Andrés Hurtado García indican la
extinción de dos ríos por día.
Desde antes de que los grupos guerrilleros tuvieran el
control directo sobre la producción de cultivos ilícitos
a comienzos de los años 70, establecieron un convenio con los
narcotraficantes consistente en que los primeros darían protección
a los segundos junto con sus cultivos y laboratorios, a cambio de un
llamado "impuesto de gramaje", consistente en un porcentaje
del 10 al 20% sobre la producción.
Esa alianza funcionó durante años en algunas
regiones, de modo que la guerrilla ha sido partícipe en el negocio
desde hace más de dos décadas, y si para las organizaciones
subversivas esa actividad era inicialmente marginal, hoy es su principal
fuente de financiación. La droga es para ellos una especie de
moneda dura, con la cual comercian con los traficantes internacionales
de armas e incluso con la mafia rusa y el Cartel de Tijuana. (Rev. Cambio/
Nov. 2000).
En las zonas del país donde hay fuerte presencia
guerrillera, los cultivos ilícitos han crecido de manera vertiginosa.
El gobierno norteamericano ha podido establecer que los cultivos ilícitos
en la llamada 'Zona de Distensión' de las Farc, en dos años
han aumentado en 50% y llegan hoy a 15.000 hectáreas. El 90%
de la cocaína que se consume en los E.U. proviene de Colombia,
y el 80% de los cultivos de coca de Colombia se encuentran en el Putumayo
(región de fuerte influencia guerrillera). (Estudio del periódico
El Espectador, 26 Dic. 2000).
Además de la deforestación causada por
los cultivos ilícitos, se están envenenando los ríos
colombianos, pues a ellos se arrojan los residuos de los insumos usados
para la preparación de los alcaloides, con la consecuente depredación
ecológica. Los ríos más afectados por los precursores
químicos utilizados en el procesamiento de la hoja de coca y
pasta básica de coca son: el Guaviare, Vaupés, Orteguaza,
Caquetá, Putumayo, Caguán, Guainía y Vichada.
Se estima que cerca de 240.000 toneladas métricas
de desperdicios químicos son vertidas al año en ríos
y quebradas que suministran agua para los procesos de elaboración
de cocaína. Estas sustancias químicas (o precursores)
son en su mayoría derivados de hidrocarburos, éteres,
alcoholes, ácido sulfúrico y ácido clorhídrico,
por lo tanto, altamente contaminantes.
Además del vertimiento de precursores químicos
a los ríos, éstos reciben una gran cantidad de plaguicidas,
fertilizantes inorgánicos y otros compuestos muy contaminantes
usados en los sembradíos de coca y amapola.
Por todo esto, los grupos subversivos han sido catalogados
no sólo como terroristas sino como "narcoguerrilla".
Término que acuñó el embajador norteamericano Lewis
Tambs en la década de 1980. (F. Castillo).
Gradualmente han ido creciendo los cultivos de coca y
amapola (para producir cocaína y heroína) auspiciados
y protegidos por las guerrillas de las FARC, ELN y EPL, y por otros
grupos armados (como las autodefensas ilegales), a pesar de las fumigaciones
efectuadas por la policía.
La guerrilla y sus aliados narcotraficantes hasta 1995
destruían anualmente un promedio de 50.000 hectáreas de
bosque y selva natural. Entre 1995 y 1999 esa cifra ascendió
a 70.000 hectáreas anuales. Todo con el propósito de ampliar
sus cultivos ilícitos.
En 1990 había 40.000 hectáreas sembradas
de plantas de coca;
En 1994 eran 44.000;
En 1998 eran 95.000;
En 1999 eran 130.000.
En 1995 había 6.500 hectáreas sembradas
de amapola;
En 1999 había 7.500.
Según el profesor Jorge Palacio, de la Universidad
Nacional: en sólo el departamento del Caquetá, el número
de hectáreas dedicadas a cultivos ilícitos (coca, amapola,
marihuana) pasó de
0 en 1966 a
1.500 en 1978 a
7.000 en 1988 a
30.000 en 1998.
Refiere este mismo especialista: "En el Caquetá
y la Amazonía, luego de las bonanzas de precios y demandas de
los productos ilícitos, sólo quedan los espacios vacíos
en el bosque y el subsuelo, y la degradación social." Todo
ello redunda en la destrucción del ecosistema estratégico
más valioso del país, e impide su aprovechamiento de modo
sostenible.
Hasta para la ciencia se han cerrado las zonas que controla
la guerrilla. Hay que recordar aquí el rapto, a mediados de 2000,
de un grupo de estudiantes de biología, por parte del ELN en
las montañas de Antioquia. Y el secuestro de un grupo de entomólogos
norteamericanos.
La Amazonía colombiana, parte vital de la que
se considera una de las últimas grandes reservas ambientales
del planeta, se encuentra en peligro por cuenta de la proliferación
de cultivos ilícitos auspiciados por las FARC y otros grupos.
Análisis de imágenes satelitales obtenidas
por el Departamento de Estado de los E.U., muestran claramente que por
lo menos 120.000 hectáreas están sembradas con cultivos
ilícitos en esta vasta zona selvática. Los sembradíos
se encuentran distribuidos entre los departamentos de Caquetá,
Guaviare, Putumayo y la Serranía de San Lucas.
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5. BIODIVERSIDAD EN PELIGRO
Según el Plante (Plan Nacional de Desarrollo Alternativo),
los cultivos de coca se concentran en los bosques húmedos tropicales
de la Amazonía y los de amapola en los bosques alto-andinos de
niebla.
En esta última región también existe
una gran diversidad de recursos genéticos vegetales y animales,
muchos de ellos aún desconocidos. "En julio de 1996, el
biólogo J. Patton, en un viaje de reconocimiento a la región
andina colombiana, encontró 6 nuevas especies de mamíferos,
4 de ratones, un marsupial y una musaraña. Seis especies no clasificadas
en un plazo de dos semanas constituyen un hallazgo bastante relevante
(...) cada mamífero que se descubre trae consigo una amplia gama
de parásitos y patógenos y nuevos datos para la investigación
de bio-geografía, evolución y conservación. "
(Villamil).
Hoy en día, el área de la investigación
genética es una de las más prometedoras, pero todo este
patrimonio se encuentra en un inminente peligro.
La importancia científica y como ecosistema estratégico
de la Amazonía empezó a hacerse patente desde comienzos
del siglo XX y se cree será dominante en la primera mitad del
XXI, en áreas de importancia global, como espacio regulador del
clima, el equilibrio térmico, los ciclos hídricos, como
sumidero de CO2 y reserva de biodiversidad planetaria.
En términos generales, el establecimiento de una
hectárea de coca significa la destrucción de 4 hectáreas
de selva amazónica, teniendo en cuenta que el fuego que emplean
para despejar el terreno es incontrolado y que el derribamiento de árboles
se hace sin ninguna técnica. Por lo tanto, en Colombia el solo
cultivo de coca ha destruido entre 160.000 y 240.000 hectáreas
de selva tropical en los biomas de la Orinoquía y la Amazonía.
Teniendo en cuenta la gran biodiversidad de la región
amazónica, un estimado de 210 especies de mamíferos, 600
especies de aves, 170 de reptiles, 100 de anfibios y más de 600
de peces están potencialmente expuestas a la extinción,
según un informe de la Comisión Amazónica de Desarrollo
y Medio Ambiental, patrocinada por la ONU y el BID.
En la flora también el peligro acecha a géneros
únicos en el mundo; el 80% de las especies arbóreas conocidas
sólo existen en el Amazonas. De 96 a 120 variedades de árboles
están en riesgo de desaparecer, sin contar aquellos que aún
no han sido estudiados, clasificados o descubiertos, algunos de potencial
bioenergético desconocido o de gran valor farmacéutico,
alimenticio o económico.
La preocupación mundial también se cierne
sobre biomas específicos como el de la Sierra de la Macarena,
considerado por científicos y expertos de la Unesco único
en el mundo por sus características biofísicas. En este
lugar pululan los cultivos y laboratorios clandestinos amparados por
las FARC.
"La deforestación -señala el ingeniero
Luis E. Parra, autor del informe 'Impacto ambiental de los cultivos
ilícitos'- se traduce en el agotamiento de los inventarios nacionales
de flora, la destrucción de la vegetación menor, la disminución
de oferta de alimentos para la fauna terrestre y aérea, la desaparición
de especies endémicas, disminución de material genético
y por consiguiente, la destrucción de bancos germoplasmáticos."
(Grandes concentraciones de micro-organismos).
Luego vienen la erosión y degradación de
suelos. Dadas las altas precipitaciones de estas zonas, la recuperación
de la tierra es prácticamente imposible por la pérdida
acelerada de la escasa capa vegetal que queda.
Así, por cuenta de la guerrilla y del narcotráfico,
se están destruyendo desconocidos e invaluables recursos genéticos
de flora y fauna.
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6. CONTRA LOS PARQUES NATURALES
Otra amenaza al medio ambiente -evidenciada en la sierra
de la Macarena- fue denunciada por el diario El Tiempo, el 1 de agosto
de 2000, en un artículo de primera plana titulado "FARC
destruyen cuatro parques nacionales". Este revelaba que los jefes
de las FARC habían ordenado abrir 240 kilómetros de vías,
depredando para ello los parques naturales de la Macarena, Picachos,
Tinigua y Sumapaz; verdaderas maravillas paisajísticas, reservas
de biósfera y fábricas de agua. Con maquinaria robada
y sin licencias ambientales, ese grupo guerrillero buscaba hacer carreteras
que le permitieran salir de San Vicente del Caguán (donde tienen
su principal concentración de hombres) a Villavicencio y a la
provincia de Sumapaz -muy cerca a Bogotá- y a la población
de Colombia (Huila); con el fin de efectuar diversas acciones ofensivas.
La región afectada cubre unos 35.000 kilómetros
cuadrados y en ella confluyen los ecosistemas de la Orinoquía,
la Amazonía y los Andes, lo cual la hace una de las más
importantes del mundo.
Esas vías cruzan, sin ninguna contemplación,
por el cañón del río Duda y también por
Caño Cristales, un río de siete colores que ha sido llamado
"el más hermoso del mundo"; al igual que por otras
corrientes que bajan de la Serranía de la Macarena.
Adicionalmente, la explotación indiscriminada
por parte de la guerrilla de recursos maderables en zonas de alta fragilidad
ecosistémica, como la citada sierra de la Macarena, causa otro
grave impacto directo sobre el medio ambiente.
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7. CONCLUSIONES
Con todo lo anterior se pone en grave peligro la bio-seguridad
del país; la supervivencia de las comunidades campesinas e indígenas;
el abastecimiento de agua y alimentos a las ciudades; la función
de la región amazónica como principal pulmón del
planeta Tierra y su papel como regulador del clima. Al igual que se
amenaza el equilibrio de la Orinoquía y la zona Andina por erosión,
empobrecimiento de la tierra y envenenamiento de las aguas.
Al tiempo que se llevan al borde de la extinción
desconocidos e invaluables recursos genéticos tanto de flora
como de fauna. Por cuenta de las guerrillas de las FARC y del ELN, de
sus cultivos ilícitos y sus atentados contra el sistema petrolero,
se están destruyendo verdaderos bancos de vida y vastos hábitats
de mamíferos, peces e insectos, al igual que de plantas que pueden
ser en el futuro materia prima para la elaboración de medicinas
y potenciales recursos alimenticios para un mundo que los requiere.
Por todo ello, es necesario que en los albores del siglo
XXI, que demanda respuestas globales a los nuevos desafíos, la
comunidad nacional e internacional cierren filas en defensa de la vida
y en contra del terrorismo, repudiando los actos violentos contra los
seres humanos y contra la naturaleza, y que aíslen política,
diplomática y policialmente a quienes los ejecutan.
Y por otro lado, se hace urgente el establecimiento
de un tribunal internacional (que podría ser adscrito a la ONU)
que se encargue de juzgar los crímenes contra el medio ambiente,
que son hoy delitos sin fronteras y atentados contra la humanidad entera,
y que sean emplazados ante él, los grupos criminales cuyo accionar
se ha descrito.
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8. BIBLIOGRAFÍA
-Castillo, Fabio. Los jinetes de la cocaína.
Editorial Documentos periodísticos. Bogotá. 1988.
-Cortés, Luz Mary. Megadiversidad Biológica. Artículo
de prensa. El Tiempo. Bogotá. 21 feb. 1999.
-Díaz, Hernán. Conferencia sobre Maderas de Colombia.
Gobernación de Cundinamarca. 30 sept. 2000.
-Escuela colombiana de ingeniería El futuro del proceso de
paz. Mesa redonda. Revista de la Escuela. Bogotá. Sept. 2000.
-Fundación RenaSer. Album Nuestra fauna. Bogotá.
1986.
-La Rotta, Jesús. Las finanzas de la subversión colombiana.
Ed. Los últimos patriotas. Bogotá. 1996.
-Olivos, Alberto. Conferencia sobre Recursos Hídricos.
Academia de Historia. Bogotá. Agosto 2000.
-ONU. Informe de la Comisión Amazónica sobre Desarrollo
y Medio Ambiente.
-Organización Ambientalista Conservación Internacional.
Megadiversidad.
-Palacio, Jorge. Amazonía. U.N. Docum. #14. El Tiempo.
Bogotá. 17 Sep. 2000.
-Parra, Luis E. Impacto Ambiental de los cultivos ilícitos
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-Samper, Mady. Senderos de la amapola. Ed. Planeta. Bogotá.
2000.
-Sweeney, Jack. Sliding toward doom. ABC News. On Line. 15 Dec.
2000.
-Universidad Nacional. Geografía de la guerra. El Tiempo.
Bogotá. 17 oct. 1999.
-Villamil, Luis C. Recursos genéticos desde la perspectiva
universitaria. Revista Cerros. Bogotá. 1997.
Artículos varios:
-Farc destruyen cuatro parques nacionales. El Tiempo. 4 ago.
2000.
-Van 53 ataques a los oleoductos. El Tiempo. 21 ago. 2000.
-Derrame de petróleo... otro conflicto. El Tiempo. 21
ago. 2000.
-Atacado el oleoducto trasandino. El Tiempo. 3 sept. 2000.
-El amigo de Jojoy. Revista Cambio. 6-13 nov. 2000. (Sobre la
conexión FARC-Cartel de Tijuana).
-La gente de Puerto Asís (Putumayo). Revista Cromos. 6
nov. 2000.
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Créditos
Este informe, elaborado
por el Grupo de Investigaciones Ambientales de la Federación
Despertar, lleva el respaldo de las siguientes organizaciones no gubernamentales
comprometidas con el derecho a la vida, la justicia y la protección
de la naturaleza:
Elaborado por:
-Asociación Acción
por Colombia
-Centro Estudios Sociopolíticos del Caribe - CESCA
-Centro de Investigación y Desarrollo - CIDE
-Corpporación Amor por Colombia
-Realidad Colombia
-Corporación Casiopea
-Fundación Libertad y Orden
-Huellas Verdes
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Socio Económico
Uribe
Presidente - 27 de Mayo
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Proyectos
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listado de títulos de artículos enlazados con otras páginas
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