¿Y QUIÉN DIJO QUE LAS FARC NO QUIEREN LA PAZ?

Es curioso ver como a cada acto de barbarie perpetrado por las FARC lo sucede una declaración incontrovertible de paz y justicia social de los voceros de esta organización. No importa cuan elocuentes y apabullantes sean las estadísticas de secuestros, tampoco el grado de sevicia de un asalto, o la condición de la persona en el que se cometa un crimen de lesa humanidad; siempre habrá una razón para justificarlo o en el más extremo de los casos, una disculpa pública, alegando desconocimiento por el exceso de un subordinado.


Si el tema es el secuestro, la replica será que la revolución debe cobrar sus propios “impuestos”. Si es el pueblo destruido por la acción de cilindros de gas, la culpa es de la policía por estar dentro del pueblo y si se trata de un crimen contra particulares inermes como el perpetrado contra una mujer en trabajo de parto dentro de una ambulancia en movimiento hacia San Rafael y de su enfermera, basta el silencio acompañado, eso si, por una indiferencia casi sospechosa de la mayoría de los organismos de derechos humanos.

Pero como entender tamañas contradicciones dentro de una dinámica de conflicto aparentemente sencilla y simplista entre dos fuerzas; una que defiende el “statu quo” y otra que lucha por cambiarlo..?. La única manera de entender esta contravía es la dialéctica Marxista. Es decir, los anhelos de paz y justicia social de los que tanto alardean los ideólogos de las FARC, si son sinceros. El problema es que la visión de sus propósitos es diametralmente opuesta a la de una sociedad civilista y democrática como la nuestra.

La paz que nos ofrece la subversión solo puede ser realidad a partir del cambio total de lo que ahora llaman tejido social, y éste no puede hacerse sobre estructuras burguesas globalizadas y post – neoliberales, sino sobre una sociedad románticamente agraria y proletaria como la que diseñó “el padrecito Stalin” para la Rusia Zarista. No se explica de otra manera, la famosa ley 02 de las FARC por medio de la cual quieren legitimar lo que desde hace tres décadas vienen haciendo con las fuentes de riqueza. Una visión más gráfica de los propósitos verdaderos de esta argumentación terrorista le daría el hecho de que a cada voladura de un peaje, un puesto de policía, o un ataque a la misión medica, representa para ellos un paso hacia delante en ese retroceso histórico que le daría al campesino y al obrero la oportunidad de ser dueños únicos y absolutos de su miseria en un país sin industria, energía, ni garantías mínimas para la supervivencia libre y pacífica. De esta manera, su utopía de una redistribución de la riqueza, cobraría validez a partir de una Colombia de los 50´s pero colectivizada; gobernada a imagen y semejanza del Caguán donde todos los ciudadanos disfruten por igual de las mieles del socialismo totalitarista, signado por el miedo y la esclavitud.

Muy pocas veces o casi nunca esta organización, ni por supuesto el ELN, han admitido que están en guerra. No.., los que están en guerra son el Estado y la Sociedad que siempre los han agredido. No solamente lo piensan, sino que lo asumen como una verdad dogmática. De tal suerte que la lógica revolucionaria de las FARC solo puede ser interpretada y asimilada a través de la destrucción. En suma la novedosa concepción del Estado que propone las FARC se debe hacer al mejor estilo de la revolución bolchevique o la cultural de Mao: Sobre la sangre de gente inocente y a costa de la destrucción de la poca industria e infraestructura que tantas décadas ha costado a la gente de bien levantar.

 

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