|
Hasta curiosidades impensables se presentaron. El candidato liberal
Horacio Serpa ganó las elecciones en el Departamento de Córdoba,
fortín de los grupos paramilitares que según sus propias
denuncias apoyaban al hoy presidente electo. Uribe triunfó
en toda Colombia, a excepción de varios departamentos de
la Costa Atlántica, Santander (cuna de Serpa) y el Chocó,
donde se registró la reciente masacre de Bojayá por
parte de las Farc. En Antioquia, su departamento, Álvaro
Uribe Vélez ganó abrumadoramente gracias a la brillante
gestión que realizó como gobernador entre 1995 y 1997.
también fue abrumadora su ventaja en Bogotá y en los
departamentos del Valle y Caldas. Obtuvo, en total, una votación
de 5 millones 900 mil votos en cifras redondas.
Aunque se ha dicho reiteradamente que su victoria fue amplia y
contundente, con el 53% de la votación en la primera vuelta,
se ve apenas normal si se considera que como candidato, Álvaro
Uribe Vélez llegó a superar el 60% de intención
de voto en las encuestas justo antes de que se emprendiera una campaña
de difamación en contra suya. Al contrario de lo que muchos
piensan el Partido Liberal está más vivo que nunca
y dispuesto a seguir devorando el presupuesto nacional. Así
lo demuestran los 3 millones 500 mil votos del doctor Serpa. Difícil
será la tarea del señor presidente para reformar la
política y, concretamente, el Congreso de la Republica, históricamente
la institución más corrupta del país. Allí
se repetirá la oposición antipatriótica que
en su momento hizo el doctor Serpa ante el presidente Pastrana.
Desde ya los partidos vuelven a sus viejas andanzas. El Partido
Conservador reclama su parte en la victoria de Uribe y pide la presidencia
del Senado; los liberales serpistas se oponen a que el presidente
electo sea el líder natural del partido, cosa que al mismo
Uribe poco o nada le interesa. La clase política tradicional
da muestras de no entender que el nuevo presidente no es de su estirpe,
que no ha llegado por casualidad ni por turno, ni por sustracción
de candidatos. En los últimos cien años, cuatro hombres
(por lo menos, tal vez hay otros) se labraron un destino lleno de
convicción de un mejor futuro para la patria: Rafael Uribe
Uribe, asesinado en 1914; Jorge Eliécer Gaitán, asesinado
en 1948; Luis Carlos Galán, asesinado en 1989; y el hoy electo
presidente Álvaro Uribe Vélez quien por poco se queda
sin votar el domingo por razones de seguridad. Aún no se
posesiona y de sus ideas y de la unidad que se dé en torno
suyo depende el futuro de Colombia.
Que nadie se equivoque más en relación con sus propuestas,
ni es Nerón ni va a incendiar a Colombia. No habrá
guerra total peor de la que ya se está viviendo,
de la que se ha vivido en los últimos 18 años con
30 mil asesinatos en promedio anual. No habrá un millón
de colombianos armados agudizando el conflicto como tan equivocadamente
lo señalan los medios de prensa en el extranjero. La propuesta
no es crear un ejército civil sino una red de información.
Pero, si llegase a armarse un millón de civiles en Colombia
será simple y llanamente porque tenemos derecho a defendernos
y aún un Ejército con 200 mil hombres será
insuficiente para llegar hasta el último rincón de
la patria e impedir que los colombianos de bien sigan siendo masacrados.
El domingo triunfó en Colombia la democracia, a pesar de
la abstención tradicional cercana al 50%. Apatía,
indiferencia, ignorancia, incredulidad, hastío... muchas
son las razones de la abstención, lo que es cierto es que
no es nueva y sigue siendo un lunar de las contiendas electorales
de Colombia. La Registraduría Nacional también triunfó
con un rápido y confiable escrutinio que eliminó los
fantasmas de la jornada irregular del 10 de marzo pasado. La Fuerza
Pública ganó porque contuvo efectivamente las intenciones
de los terroristas y garantizó el derecho al voto en el 99%
del territorio nacional.
Con el discurso del domingo, Uribe empezó bien su tarea
de gobierno. Llamó a la reconciliación nacional, le
pidió al Banco de la Republica que revise viejos axiomas
que han impedido la recuperación del empleo, advirtió
a los organismos multilaterales de crédito que Colombia ha
sido cumplida para pagar la deuda externa pero no para pagar la
deuda social que tiene con los pobres, es hora de pagar ésta.
La ratificación de Luis Alberto Moreno como embajador en
Washington es otra muestra de que este gobierno no va a repartir
puestos por cuota burocrática. Hay un asomo de luz en el
túnel, hay esperanza cuando un líder que sabe de memoria
igual poesías que tratados de economía, dice en su
hora cumbre:«No me las sé todas».
Artículo tomado de OPINET
|